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jueves, 4 de diciembre de 2014

La estela dorada de Sol


Corrupción y paro; hipotecas abusivas y desahucios; incompetencia política y manipulación de los medios de comunicación, o simplemente, la falta de una democracia real, son palabras clave para entender el detonante de lo que desde el 15M en Sol se denominó ‘Spanish Revolution’[1]. Decenas de miles de ciudadanos sin color político, elevaron su voz y se opusieron a una democracia cerrada a dos partidos que fragua medidas para perpetuar a unas élites en el poder. Indignados contra un sistema caduco que sustituye valores humanos por intereses económicos del mercado y del capitalismo.



«Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo, y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes»

De Sol, esta revolución se expandió a todo el país, y de Madrid al mundo. Sus rayos se hicieron eco en París, Nueva York, Atenas, Buenos Aires…
…y en el arte.

La madrugada del 15 de agosto de 2012, los artistas Jorge Galindo y Santiago Sierra señalaron a los culpables de la situación actual: Los encargados, o los culpables de representar los intereses de la banca. Siete coches de lujo trasladaron, a ritmo pausado por la Gran Vía de Madrid, los retratos boca abajo y pintados a gran escala del entonces Jefe del Estado [2], o en declaraciones de Sierra, el golfo golpista heredero y coronado de Franco, seguido por los seis presidentes del gobierno, de Suarez a Rajoy, o las caras visibles del régimen [3]. Aquella noche el arte tomó su revancha e improvisó un funeral de Estado, o por qué no, una ‘procesión de la vergüenza’.


No servía una fotografía a gran escala, las imágenes debían ser realizadas a mano. Dice Sierra que el jefazo no se hace enmarcar en una foto ampliada, […] se hace pintar un cuadro, y así, el artista se vincula con la tradición retratista de Velázquez o Goya.



Los trabajos de Sierra van dirigidos a denunciar las vergüenzas de un sistema injusto, pero en esta actuación, utiliza el arte para señalar a quienes lo sostienen. Así pues, la obra se convierte en una contrapropaganda frente a la imagen populista, arrogante y manipulada de muchos medios de comunicación. Para los artistas, nada ha cambiado tras la muerte del dictador, sigue siendo un país con las cunetas llenas de olvidados y las calles llenas de intocables.

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