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martes, 3 de febrero de 2015

Tatiana Abellán. La fragilidad de la memoria


Un filósofo francés del siglo XX dijo que ‘la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente’. Permite que aquel instante que pensábamos efímero e irrepetible, se convierta en eterno; y lo que presuponíamos que pertenecía al pasado se materializa en una imagen real. Lo cierto es que la fotografía detiene el tiempo y lo congela en una imagen única que no volverá jamás. Pero igual que congela un intervalo temporal único, la imagen se impregna de recuerdos y emociones que el tiempo convierte en nostalgia.





¿Qué función desempeñan aquellas antiguas fotografías cuando su memoria se diluye? ¿Acaso pueden influir en nuestro presente esas imágenes que en otro tiempo sirvieron a una función tan sensible?
Desde el pasado 4 de diciembre y hasta el próximo 7 de enero, la joven y prometedora artista murciana, Tatiana Abellán expone su obra ‘Past Remains’ en el Laboratorio de Arte Joven de Murcia, una continuación de su anterior obra ‘Fuisteis yo’. En ella, la artista reclama el valor testimonial que tenían antiguas fotografías, negativos, ferrotipos o pertenencias tan estrictamente personales como viejas cartas de amor, un diario, un mechón de cabello o un trozo de tela.
Se sirve de documentos íntimos, para reivindicar las sobras de aquellos emotivos recuerdos, con las que incluso hoy día se comercia




Entrelaza distintas imágenes fotográficas, quizás del mismo modo que el tiempo une y descontextualiza viejas fotografías en una tienda de antigüedades; añade un mechón de su pelo a otro del pasado que un amante guardaba como fetiche; construye collages velando y mostrando detalles de instantáneas de otro tiempo que se niegan a desaparecer; o interviene en ferrotipos incinerados de tal forma que sus huellas derivan en auténticos vestigios del pasado.
Restos de un tiempo ya perdido, pero que sin embargo se resisten a desaparecer, relacionándose con nuestro presente.


Su obra, tan sutil como emotiva, muestra el despojo que no sucumbe al olvido, convirtiendo en eterno aquello que experimentamos como efímero. Su obra obliga a revisar aquel pasado que creíamos ya perdido, a releerlo y a reflexionar por qué ha llegado a esa situación. Así pues, la artista convierte el arte en una reflexión acerca de la inconsistencia de la memoria y la fragilidad del recuerdo, pero al mismo tiempo se dirige al espectador moderno preguntándole acerca del paradero futuro de sus recuerdos. 



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