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jueves, 7 de mayo de 2015

¡Habla!


‘¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Metropolitan? Menos del 5% de artistas de la sección de arte moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos’. Esta proclama feminista, lanzada por el grupo ‘Guerrilla Girls’, señala el problema del arte en un mundo de hombres: el escaso número de mujeres artistas y su sumisión en un escenario inclinado e injustamente patriarcal. Hace treinta años del nacimiento de este colectivo reivindicativo femenino, y cuarenta de la publicación del célebre artículo de Laura Mulvey que desentrañaba la subordinación de la mujer al ojo masculino dentro de la industria cinematográfica.

Es un hecho que a lo largo de la historia, la mujer fue considerada menor de edad, sin derecho a tomar decisiones aún cuando éstas le concernían a sus intereses, como tampoco hay duda de que las creencias religiosas potenciaron esta discriminación y subordinación. No es preciso hacer un viaje muy lejano en el tiempo para comprender que la mujer es víctima de leyes propuestas y aprobadas por encorbatados señores de ideología sospechosa.

Así, la historia, y consecuentemente el arte, se convirtió en la narración del protagonismo del hombre frente a la mujer, y ahora, en cierto modo, ésta está obligada a resarcir su carga ‘filosofando a martillazos’.



En 2008, la artista jienense Cristina Lucas emprendió el más difícil de sus proyectos: se propuso destruir, a base de martillazos, una copia a escala de El Moisés de Miguel Ángel, en su performance documentada en vídeo Habla. ¿Y qué mejor obra para ‘rendir cuentas’ que la imagen colosal del legislador hebreo, padre de una tradición que incomoda a la mujer?

La leyenda de la creación de El Moisés, nos lega la imagen de un artista, tan orgulloso como furioso, que tras finalizar su obra golpeó con el martillo la rodilla de aquel coloso en un intento inútil de levantarlo de su asiento y de hacerlo hablar. Sea o no cierta esta anécdota, para la artista andaluza este hecho inicia la performance que ella misma trataría de concluir. La performance, no sólo recrea aquel mito del Renacimiento, sino que lo continúa dentro de la Postmodernidad, en un violento diálogo entre artista y escultura.

‘Algo debía decirnos Moisés a todos nosotros’, dice la artista. Se apropió y destruyó la obra del genio, para demoler con ella también el arte del pasado y sus prejuicios. Aquel barbado líder y profeta se convierte en la víctima perfecta de la mujer que quería cortar con el pasado; se transforma en la metáfora freudiana del Padre que había que matar inconscientemente para eliminar la autoridad, y en general, aquello que priva de libertad y capacidad de opción.

martes, 3 de febrero de 2015

Hatstand, table and chair


A mediados de los años 70, el artículo «Visual Pleasure and Narrative Cinema» de Laura Mulvey desveló el modo en el que el inconsciente de la sociedad patriarcal ha configurado los años dorados del cine de Hollywood.

Examinando la división de roles activo/masculino y pasivo/femenino en la sociedad, Mulvey detecta que el cine de Hollywood exhibe a la mujer como un simple objeto de deseo que se muestra ante la mirada masculina, tanto del personaje masculino como del espectador. Esta idea se acentúa con los movimientos de cámara que recorre el cuerpo femenino ascendiendo de los pies a la cabeza, o cómo no, en la propia estructura de la sala de proyección de cine, que desde la lejanía y la oscuridad de las butacas, actúa como metáfora de las fantasías voyeuristas de los espectadores. Por el contrario, frente a la subordinación de la mujer como mero espectáculo para su deseo, el personaje masculino encarna el elemento activo de la narración, así como aquel con el que se identifica el espectador.

«El cine, y en definitiva el arte, exhibe a la mujer como objeto de deseo de la mirada masculina y la subordina al protagonismo de éste»

Se cumplen cuarenta años de la publicación del artículo y su análisis es extrapolable al arte, a la fotografía, la publicidad, y en definitivas a diferentes esferas de la vida.



La cosificación de la mujer está presente en toda la historia del arte, desde temas como «El baño de Betsabé» o «Susana y los viejos» donde el voyeurismo se convierte en la propia representación, pasando por la pintura flamenca, y hasta llegar a los umbrales de la frivolidad y la sumisión en la obra pop de Allen Jones, donde convierte a la mujer en un simple mueble doméstico: una silla, una mesa y un perchero.



martes, 25 de noviembre de 2014

La huella de la historia


El triunfo del sentimiento y la libertad frente a la tiranía de la normatividad y la frialdad de la razón, lo representó el Romanticismo. El artista romántico aspiró a ese legendario mundo de refugio místico propio de la Edad Media, donde las ruinas góticas representaban el culmen de aquel tiempo lejano y desconocido. Este retorno al pasado medieval fue utilizado como reacción a la férrea dictadura de la razón que había representado el Siglo de las Luces. Se llevó el arte a tiempos remotos donde historia y leyenda se confunden; un mundo ignorado, pero al mismo tiempo, añorado.



La ruina es uno de los símbolos más sublimes de nuestra admiración por lo legendario. Contemplamos la ruina desde dos perspectivas opuestas: por un lado, la visión catastrófica y pesimista de la historia, donde la fragilidad del monumento perece frente al transitar de los siglos y los desastres humanos, y sus restos subsisten como un recordatorio de la fugacidad de la vida y su incapacidad para vencer al tiempo. Por otro lado, y desde un punto más coherente al sentimiento romántico: la visión de la ruina como triunfo de la inmortalidad del arte, en el que sus restos se erigen desafiando al tiempo.


La ruina es el resultado del despojo del tiempo sobre lo superfluo; un saqueo de los siglos que deja al desnudo su parte esencial. La ruina no es sólo la ceniza que nos lega el tiempo, sino también la nostalgia de lo que antes fue, y ahora no es,  es decir, de un esplendor pasado perdido. Así como sucede con la ruina, ocurre con la leyenda, es decir, solo podemos acceder a una parte destruida que es testigo del pasado. La ruina nos lega, pues, la huella de la historia. Representa la visión de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Una época sólo accesible a través de la leyenda y la fantasía.



La belleza del Antiguo Egipto, de la Antigüedad Clásica o de la Edad Media, no solamente se encuentra en el esplendor de los monumentos que antes se mostraban en altivas colinas o centros de grandes urbes, sino también en aquellas piedras que soportaron el devenir de la historia, y que ahora forman una síntesis con la propia naturaleza. La ruina, es pues, el vestigio de su antigua grandeza tallada por la historia.



Anatomía de la perversión


Puesto que nuestra realidad estaba más que superada por la fotografía y el cine, los artistas del surrealismo entendieron que debían recurrir a la enorme riqueza del inconsciente y darle rienda suelta a su imaginación. Así, podemos permitirnos, como el pintor Magritte, imaginar un espejo que refleja la imagen de espaldas de un personaje que le muestra su cara; o un reloj cuyo segundero, de repente, se mueve en dirección contraria a la acostumbrada. Esta sensación desconcertante que perturba nuestra rutina, origina el sentimiento de lo siniestro; una incompatibilidad entre lo que nos era familiar y nos retorna extraño y sombrío.



Sin embargo, lo siniestro por antonomasia lo experimentamos en el muñeco; un objeto que en nuestra más tierna infancia le suponíamos vida autónoma, pero cuando esta idea regresa a nuestra vida adulta se convierte en una experiencia diabólica, contraria a aquel paraíso perdido de la niñez.



La obra surrealista de Hans Bellmer (1902-1975) es característica de este fenómeno inconsciente. Sus deformes muñecas-maniquíes que recogió en su obra fotográfica, se sitúan en el límite entre lo vivo y lo no vivo. El artista parece que tuvo la intención de dar a creer que sus muñecas poseen vida, algo que viene reforzado por sus posturas marcadamente complejas y sus gestos cargados de erotismo desinhibido. Pero por otro lado, al artista no le incomoda acentuar el mecanismo artificial de las articulaciones de estos maniquíes. Entonces, ¿dónde surge lo siniestro en estas obras? Esa extrañeza viene originada no por estas muñecas sino por el espacio donde se ubican. La muñeca-maniquí aparece en un lugar familiar e íntimo del corazón de una casa, como lo puede ser una escalera. Esta presencia de lo extraño en lo íntimo origina lo siniestro.



Esta nueva estética del siglo XX liberaba los deseos e instintos reprimidos del inconsciente, emergiendo por encima de una sociedad que manifestaba un yo malherido. Las fatídicas muñecas, cuyas amputaciones y deformidades escandalizaban el cuerpo ideal del régimen nazi, le llevaron, junto al resto de artistas modernos, a ser considerado por el III Reich como un artista degenerado.



Álex Bernal

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El sueño americano. Pop art



El asedio del imperio Coca-Cola, con su promesa rota de felicidad en spots publicitarios, es la prueba de que no te vende un producto inocente que simplemente consumes.

‘La fábrica de la felicidad/ Por cada arma que se vende en el mundo, veinte mil personas comparten una Coca-Cola/ Hay razones para creer en un mundo mejor/ Destapa la felicidad’

Coca Cola—dice el sociólogo Slavoj Žižek—está rodeada de una atmósfera teológica y metafísica que irradia al común de los refrescos. Es el producto ideal del sistema capitalista, los spots lo auguran como el ‘objeto causa de deseo’ que te transporta a un estado de felicidad paradisíaca, pero lejos de esta promesa, descubres que cuando la destapas y bebes, más sed tienes, y consecuentemente, más quieres y más compras. Esta idea del placer frustrado es la base del consumismo capitalista, de otra forma el sistema muere con la satisfacción misma del deseo. Coca-Cola no sólo no satisface tu deseo, sino que al mismo tiempo te obliga a desearlo.
Esta lógica frustrada de acceso al deseo empleada por Coca-Cola, tiene cierta equivalencia artística con las series de serigrafías que, el artista por excelencia del Pop Art, Andy Warhol, hace de tantos productos de consumo, de celebridades, y en definitiva, de objetos y sujetos superfluos que presentan cierto atractivo externo pero también ese intento fallido de saciar nuestra visión consumista. Como en el trauma freudiano, cuando el problema no se soluciona, sólo cabe el continuo retorno de lo mismo, su repetición.


Puedes estar mirando la tele y ver un anuncio de Coca-Cola, y puedes saber que el Presidente bebe Coca-Cola, Liz Taylor bebe Coca-Cola, y piénsalo, tú también puedes beber Coca-Cola. Una Coca-Cola es una Coca-Cola y ninguna cantidad de dinero puede brindarte una mejor Coca-Cola que la que está bebiendo el mendigo de la esquina’. Estas palabras de Warhol hacen visible el cambio radical de la imagen y del arte en el siglo XX; frente al valor eterno de la unidad del arte premoderno, donde la copia no tenía valor artístico alguno, el relativismo de la repetición serial de la imagen pop niega la superioridad de la imagen única e irrepetible y concede el mismo valor a la copia.
Pero, ¿qué es el Pop Art? Clement Greenberg expresa que desde finales del siglo XIX, y especialmente desde Manet, el arte te hace sentir incómodo, desafía tu gusto y no pretende satisfacerlo; en cambio, los artistas del Pop Art, de forma deliberada, tratan de satisfacerlo, haciéndote un sujeto dócil fácilmente manipulable. Para ello, artistas pop como Roy Lichtenstein o el propio Warhol, utilizan las mismas técnicas de la publicidad y del diseño industrial, la línea clara y el color explosivo del comic, al tiempo que centra sus miras en los iconos de los medios de masas, otorgándole el aura que las nuevas técnicas les ha ido arrebatando al arte en el siglo XX.




Es la imagen cómoda pero intrascendente; el lenguaje fácilmente accesible al público pero carente de un significado profundo. Pero, ¿acaso debía un artista pop imitar las antiguas técnicas de pintura al lienzo o la imitación del paisaje como haría un pintor romántico? ¿Por qué ha de mirar a la naturaleza un artista que vive en una sociedad industrializada? ¿No sería en tal caso un falseador de la realidad? Y, ¿no es este arte una visión de una América que, tras salir reforzada de la II Guerra Mundial, se sentía dueña de un mundo al que intentaba americanizar con su estilo de vida?
Pero, ¿es todo el Pop Art un arte frívolo? Tenemos muchas interpretaciones de Andy Warhol. Por una parte, al artista en el que la frialdad domina su vida y su arte, y por otra, a quien detrás de su aparente superficialidad, se esconde un artista comprometido y crítico con el consumismo complaciente, el capitalismo, y sobre todo,  la tez glamurosa de las celebrities’, el fetiche warholiano por excelencia que esconde lo que Thomas Crow llama ‘la realidad del sufrimiento y la muerte’, como el suicidio de Marilyn Monroe.



Fuera de este pop idílico, el artista español Santiago Sierra contrató en 2002 a una persona que pedía limosna en una calle comercial, para decir una sola frase ante una cámara de video: ‘Mi participación en este proyecto puede generar unos beneficios de 72 mil dólares; yo estoy cobrando 5 libras’. Una crítica sencilla pero afilada. Su obra hace visible la cara oculta del capitalismo, su desigualdad y sus efectos perversos. Un sistema de producción que precisa una realidad dura y oculta para mostrar los excesos de la parte favorecida de este sistema.
Una célebre crítica contra la estupidez capitalista del arte, es la que el artista conceptual Piero Manzoni señala en su obra ‘Merda d’artista’. Expuso y comercializó latas que teóricamente contenían sus heces valoradas al peso del oro. En poco tiempo, la obra no solo obtuvo el valor del oro, sino que lo superó con creces. Hallarás en el arte crítico y social, no sólo el espejo visible de la cara oculta del mundo, sino también los golpes reivindicativos de un artista que intenta darle forma.



***

El Pop Art es un arte que aspira a multiplicar imágenes de forma mecánica, dejando a un lado su profundidad emocional y artística; es un acorde perfecto en un mundo lleno de disonancias. Una gran mentira. Un reflejo, pues, de una sociedad que ha decidido fingir parecer y poseer, en lugar de ser y crear. ¿Es posible ver una visión de un Warhol comprometido y crítico con ese sistema de consumo asiduo e ídolos fáciles? Es aceptable pero es endeble. A pesar de una posible respuesta afirmativa, la intención crítica del artista puede sucumbir a la simple apariencia trivial y a la cara optimista de una América que niega su propia fragilidad. ‘Lo que ves es lo que hay’ dijo en una ocasión Warhol sobre su arte.

ARteStética @therestisnoise_

lunes, 7 de julio de 2014

La activación de los sentidos


Todo desaparece

'Hay que ser rápido si uno quiere ver algo. Todo desaparece'. Si Paul Cézanne viviera hoy en día vería confirmados sus temores de manera alarmante. En la segunda mitad del siglo pasado, el desarrollo de los medios derivados de la revolución industrial dejaba entrever las enormes repercusiones que sin lugar a dudas tendría sobre la producción artística tradicional. Aun así, la mayoría de los aficionados al arte ignoran el alcance de tales transformaciones. Estamos sentados sobre una montaña de artefactos acumulados a lo largo de milenios, y continuamos absortos en la labor de evaluarlos, ordenarlos y entenderlos. Mientras tanto, las ideas surgidas en nuestra época han ido envejeciendo. Muchos de los experimentos e innovaciones que tanto han ilustrado este siglo han caído en el olvido. Otros permanecen almacenados en archivos fotográficos y electrónicos, cuando no se han convertido en mitos, como en el caso de las acciones de Joseph Beuys. ¿Quién presenció su explicación de la pintura a una liebre muerta?

Cómo explicar arte a una liebre muerta. 1965. Joseph Beuys
'Una liebre comprende mucho más que muchos humanos con su obstinado racionalismo... Le expliqué que bastaba con clavar la mirada en los cuadros para entender lo que era realmente importante en ellos. Sin duda, la liebre reconoce mejor que el hombre la importancia de las direcciones' JOSEPH BEUYS

Los artistas han reaccionado ante la extraordinaria dinámica impuesta en este siglo por la sucesión de los conflictos bélicos y los principales avances científicos y tecnológicos. Han alterado las ideas aceptadas hasta ahora sobre los cánones estéticos, poniendo a prueba su vigencia en la actualidad para después rechazarlas. Han adoptado los nuevos soportes técnicos, como son la fotografía, el cine, el vídeo y la informática, como medios de comunicación y de expresión creativa. Se adentran en los actuales sistemas de información electrónicos con el fin de explorar un espacio digital con grandes expectativas de futuro. Contando con las limitaciones y posibilidades de los nuevos medios, los artistas perseveran en la búsqueda de respuestas creativas y críticas.

¡Quemad los museos!

El siglo XX apenas había cumplido diez años cuando un pequeño grupo de jóvenes artistas se propuso combatir el arte con mayúscula con el fin de consagrarse a la transformación del mundo real. Fascinados por las carreras de coches más hermosas que la Victoria de Samotracia, el fulgor de las lunas eléctricas, las voraces estaciones y las locomotoras de amplias proporciones, los futuristas, movidos por una fuerza compulsiva e incendiaria, lanzaron al mundo su primer manifiesto con el fin de liberarle de la proliferación cancerosa de museos y bibliotecas. Los futuristas fueron los primeros en reconocer el retraso de las bellas artes con respecto a la realidad de la vida contemporánea, marcada por el impacto de los principales avances científicos y tecnológicos.


Manifesto futurista. Marineti

Ni los medios (soportes) artísticos tradicionales ni las condiciones generales parecían estar a la altura de los retos que presagiaban el presente y el futuro. Los futuristas exponían en su manifiesto una formulación concreta a sus reivindicaciones provocativas de hacer tabula rasa del pasado y reconstruir el universo futurista. Antes incluso del comienzo de la Primera Guerra Mundial, se habían marcado como objetivos primordiales la búsqueda de temas y el desarrollo de formas de representación relevantes en una época dominada por la industria pesada y la celeridad de la comunicación.
En el manifiesto fundador publicado el 20 de febrero de 1909 y escrito por el mentor espiritual del movimiento, Filippo Tommaso Marinetti, la tecnología de los boletines de información se erigía como modelo de una fuente de experiencia vital y venía a completar el concepto vitalista de arte propugnado por Umberto Boccioni y Cario Carrà. En su manifiesto, Il Tartilismo (1921), Marinetti aboga por el desarrollo y la intensificación de las comunicaciones, así como por el acercamiento de la gente a las redes mediáticas, con el objetivo final de dotar de nuevo la existencia humana con valores humanistas.
En 1933, Marinetti y Pino Masnata propugnaron en LA RADIA/Manifesto futurista un uso futurista de un nuevo medio de comunicación, la televisión, que consideraban la síntesis perfecta de los sueños de sinestesia, dentro de un proceso en el cual la radio no constituía sino una mera fase transitoria. Actualmente, disponemos de una televisión con más de 50.000 puntos por cada imagen grande en la gran pantalla. En espera de la invención del teletacto, el teleolfato y el telegusto, nosotros, los futuristas, nos proponemos perfeccionar la radiofonía con el fin de multiplicar por cien el genio creativo de la raza italiana, además de poner fin al consagrado tormento del distanciamiento e imponer las palabras liberadas como su modo lógico y natural de expresión.


Fontana. Marcel Duchamp

Gestos exaltados, violentas protestas y proyectos constructivos

Exponer un orinal con su firma representaba para Marcel Duchamp un gesto exaltado, a través del cual pretendía oponerse radicalmente a la creación individual y a la institución del arte. Ante las atrocidades y la absurdidad de la Primera Guerra Mundial y de sus repercusiones en materia de política social, los dadaístas reaccionaron protestando con violencia contra la belleza artificial del arte museístico y el carácter filisteo del sistema. Sus actividades artísticas se trasladaron del taller a las editoriales y los escenarios. Se dieron a conocer por medio de textos provocativos, caricaturas irónicas, eslóganes agresivos y anuncios falsos publicados en sus propias revistas. En una constante pugna con la censura, convinieron la venta de sus publicaciones en una acción dadaísta. Las revistas de Malik Verlag, editorial fundada en 1917 por John Heartfield sirvieron de catapulta a artistas y escritores de extrema izquierda. Hugo Ball propugnaba la idea de una obra de arte total, incluyendo en sus exposiciones el teatro, las acciones y la poesía. En 1921 Kurt Schwitters abogaba por una obra de arte total Merz que debía reunir todas las formas de arte en una sola entidad artística con el fin de abolir las fronteras del arte.
Por entonces, en Rusia y Europa del Este fue una orientación más constructiva que anárquica la que marca el camino de las vanguardias. Se consideraron como parte de un proyecto de edificación de la nueva sociedad bajo la creencia de que podrían liberarla de las fuerzas del despotismo y la dominación del capitalismo. Muchos artistas abandonaron la pintura para dedicarse a la fotografía, la tipografía y la cinematografía, exponentes de un arte de la producción que contribuía al desarrollo del progreso social. Había que trabajar por la vida, declaraba Alexander Rodchenko, no sólo por los palacios, las iglesias, los cementerios y los museos. Abajo el arte que no es sino un modo de evasión de una vida que no merece ser vivida. Vladimir Tatlin concibió el Monumento a la III Internacional como una sede de dirección política y centro de información y propaganda.


Monumento a la III Internacional

En la Bauhaus, László Moholy-Nagy experimentaba con los nuevos materiales, medios y técnicas de la época, ante el pavor de sus colegas por su energía y radicalismo. Sólo cuenta la óptica, la mecánica, el fin de la vieja pintura estática, se lamentaba Lyonel Feininger en una carta a su mujer. No se hablaba más que de cine, óptica, mecánica, proyección y locomoción, e incluso de la fabricación mecánica de diapositivas ópticas policromas, con los colores más hermosos del espectro, y de la capacidad de grabarlas en microsurcos.
En el campo del cine abstracto destacan figuras como Viking Eggeling, Hans Richter, Walther Ruttmann y Oskar Fischinger entre sus precursores, quienes, con el objetivo de sustituir el carácter estático de la pintura por el dinamismo del cine, aplicaron los fundamentos prácticos y teóricos de un arte en movimiento.

Incursiones en la tercera y cuarta dimensión

 Tras la Segunda Guerra Mundial, fue el clima de pesimismo generalizado lo que llevó a los artistas al abandono de la pintura. Las persecuciones, expulsiones y exterminios de los últimos años habían malogrado la idea del acercamiento del arte a la realidad. Por el contrario, la autonomía del arte se convirtió en garantía de la máxima libertad personal, que alcanzó cotas supremas en la action painting, una forma de expresión definida en la mayoría de las ocasiones como lírica más que anárquica.
En pleno apogeo del arte informal, Lucio Fontana realizó varias incursiones de suma importancia en la tercera y cuarta dimensión, y en su Manifiesto blanco abogó por la ruptura con las formas de arte tradicionales. En su Concetti spaziali, Fontana introdujo el espacio en el cuadro mediante la perforación y el desgarramiento del lienzo. Con ello abrió decididamente el plano al encuentro de un fenómeno que muy pronto sobrepasaría las capacidades artísticas de la pintura y la escultura.


Concetti spaziali. Lucio Fontana
Lucio Fontana
 En nuestro arte las líneas del horizonte se multiplican hasta el infinito, en dimensiones infinitas. Su fin no responde sino a una estética según la cual el cuadro ya no es el cuadro, la escultura ya no es la escultura y la página escrita se independiza de su forma tipográfica, escribió Fontana en su Manifesto del movimento spaziale per la televisione de 1952, donde en nombre también de sus colegas Alberto Burri, Roberto Crippa, Gianni Dova, Milena Milani y Benjamino Joppolo, exponía la visión de un arte espacial como el que transmitía la televisión. A partir de 1948, Jackson Pollock se inclinó por la pintura de goteo (dripping) para hacer del cuadro una superficie sobre la cual se pudiera pisar. En el uso de la pintura líquida mediante el goteo, la salpicadura o incluso el vertido sobre el lienzo encontró una libertad de acción absoluta.


Action painting. Jackson Pollock

La frágil resistencia y la falta de visión supondrían el fin del arte informal. Absorbido totalmente por el nuevo orden cultural de posguerra, este estilo de pintura informal, con sus tendencias a la inflación y al embotamiento académico, se abocaba rápidamente al marasmo. El golpe final le fue propinado por los affichistes con sus carteles desgarrados y los nuevos realistas. La pintura pura se vio desbancada por una forma de actividad artística centrada en los fenómenos y elementos de la vida cotidiana y en la diversidad de sus usos: como objeto de desgarramiento para Raymond Hains, Jacques de la Villeglé, Wolf Vostell; de movimiento para Jean Tinguely, Otto Piene, Heinz Mack, Günther Uecker; de colección y acumulación, disección, destrucción y quemadura en el caso de Arman; de compresión, para César; de fijación, en Daniel Spoerri; de empaquetamiento para Christo; de tiro para Niki de Saint Phalle; de juego, desmontaje y reconstrucción en Dieter Roth.
En 1958, cuando Georges Mathieu no tardó más de 70 minutos en pintar el cuadro de L'Enlevement d'Henri IV par l'archevéque Anno de Cofogne de id Kaiserpfolz à Kaiserswerth en el taller de Otto Piene, el arte informal no era más que un truco que Tinguely ridiculizó con sus máquinas de dibujar y pintar.

El acto artístico: un espectáculo fulgurante

Mientras Pollock, según sus propios términos, concebía el lienzo corno un espacio en que la pintura intervenía como parte de su biografía, Mathieu lo tornaba como escenario donde entregarse a la exaltación de sus actos pictóricos. Asimismo, Nicolas Schöffer organizó una gran presentación para sus esculturas cinéticas y, posteriormente, cibernéticas. Fue el primer artista en equipar sus obras de células fotoeléctricas, sensores y micrófonos, con sistemas electrónicos de control automático sensibles al sonido y al silencio, al movimiento, a la luz y a la oscuridad. En 1956 instaló su primera escultura cibernética, CYSP, en el Théatre Sarah Bernhardt con motivo de la Nuit de la poésia, el mismo año en que Mathieu pintó su Hommage aux poètes du monde ensier delante de 2.000 espectadores.


CYSP. Nicolas Schöffer

El fin de la pintura pura y la exploración de nuevos materiales artísticos fueron a la par de la experimentación, con actos como modos de expresión. Bajo la mirada atenta del público, los artistas acometían sus acciones, durante las cuales se proponían crear una obra de arre. Algunos de los resultados se exponen hoy en los museos con el valor de incunables. Fue así como Arman realizó su trabajo más espectacular, White Orchid (1963), en una cantera cercana a Düsseldorf, al hacer explotar un deportivo blanco del famoso fotógrafo publicitario Charles Wilp, además de un piano, una nevera y un televisor. Los restos de dichos objetos, a los que la explosión les había conferido la categoría de símbolos de la civilización, fueron fijados acto seguido a paneles de madera y exhibidos en la Galerie Schmela de Düsseldorf.


White Orchid. Arman

Los tirs/tableaux surprises (cuadros disparados) de Niki de Saint Phalle no se consideraron una obra acabada hasta no ser fusilados en el acto, por así decirlo, y perderse vida, que manó de su interior en forma de pintura Los tableaux pièges (cuadros-trampa) de Spoerri se elaboraron con restos de los banquetes que él mismo ocasionalmente enviando invitaciones oficiales. Las sobras se exponían junto con platos, cuencos y ceniceros fijados a una base colgada en la pared.


Tableaux surprises. Niki de Saint Phalle

Las antropometrías del período azul, para las cuales Yves Klein se sirvió de tres modelos desnudas como pinceles vivos, se realizaron durante una ceremonia con la presencia de un público invitado y una orquesta sinfónica que dio solemnidad al acto. Por su parte, Tinguely invierte en sus trabajos autodestructivos el proceso de creación artística. Entre 1960 y 1962, construyó máquinas sofisticadas sin más propósito que la autodestrucción de las mismas.


Antropometrías del período azul. Yves Klein
Antropometrías. Yves Klein
Antropometrías. Yves Klein

Protoacciones, protoinstalaciones y las primeras múltiples

A pesar de su actitud crítica hacia el arte informal, las obras de los affichistes y los nuevos realistas su pusieron el apoteosis de la iconografía. Fue una ambición de inicio y no un espíritu de rechazo lo que caracterizó la actitud de estos artistas en una época en la que los primeros signos de prosperidad económica marcaron el fin de la reconstrucción de posguerra y el inicio de la aventura astronáutica. En este contexto, los actos, realizados para ellos mismos, representaban una liberación más que una explosión destructiva.
En su manifiesto Por el estatismo de 1959, Tinguely exhortó a sus colegas a acabar con la época de la pintura. Dejad de construir catedrales y pirámides que se desmoronan como si fueran terrones de azúcar. Respirad profundamente, vivid el presente, vivid el momento y tratad de cogerlo desprevenido. ¡Por una realidad hermosa y absoluta!. Tinguely sobrevoló Düsseldorf en avión lanzando 150.000 ejemplares de su manifiesto en forma abreviada. Por su parte, Yves Klein lanzó al aire globos azules con motivo de la inauguración de una exposición de arte (Galerie Iris Clerr, París, 1957), sensibilizó una habitación con su presencia (Galerie Colette Allendy, París, 1957) y siguió una línea azul (Galerie Schmela, Düsseldorf, 1957). Entre 1961 y 1962, los artistas ZERO, que habían adoptado a Tinguely como su mentor, organizaron fiestas exuberantes bajo la presencia manifiesta de la luz, con pompas de jabón ZERO, chicas ZERO, globos aerostáticos ZERO, banderas de aluminio y láminas de metal con relieves luminosos, proyectores y fuegos artificiales.


Globos azules. Yves Klein

Sin embargo, ninguna intervención artística circunscrita en el tiempo alcanzó más solemnidad y esplendor que cuando Yves Klein hizo vigilar la entrada a su exposición Le vide (el vacío, Galerie Iris Clert, París, 1958) por un portero vestido con el uniforme de la guardia republicana. Arman le respondió dos años después con Le plein (la plenitud). Su objetivo, llenar la galería con una acumulación de objetos hasta impedir el acceso al espacio, se situaba claramente a años luz de la idea que perseguía Walter De Maria al llenar una sala de tierra en 1968. De Maria pretendía mostrar su ruptura con la institución artística, con la esperanza de no tener que recurrir más a ella. Christo y Jeanne-Claude suscitaron una reflexión más profunda al oponerse a la construcción del muro de Berlín con la edificación de una barricada en plena calle a base de barriles apilados, una obra que titularon Rideau de fer (Telón de acero, París, 1962).


Le vide. Yves Klein
Le plein. Arman

Sala de la galería con tierra. Walter de Maria

Todavía en los años cincuenta Spoerri creaba móviles inspirados en la idea de las reproducciones múltiples de Duchamp. Ante los pequeños objetos táctiles producidos en serie por Spoerri bajo el nombre de édition MAT (Multiplication d'Art Transformable, 1959-1965), el espectador, hasta ahora pasivo, se convertía en un ser activo, en artífice del arte. Naturalmente, los artistas participantes en la producción de édition MAT se situaban por encima de aquellos que basaban la experimentación en la luz y el movimiento, la observación y la búsqueda de la percepción. Entre estos artistas destacaron Paul Talman, Yaacov Agam, Mack, Jesús Rafael Soto y Tinguely, pero también los inventores de los objetos cinéticos como Duchamp, Man Ray y Vicror Vasarely, que contribuyeron a la fundación de édition MAT.
Dentro del concierto de las diferentes tendencias artísticas de los cincuenta, la oposición a la pintura de salón parece erigirse como el principal denominador común: desde las connotaciones totalitarias de Schöffer en su visión globalizante del arte como medio de introducir la estética en la sociedad y el entorno, pasando por el confiado sentido de libertad de Tinguely que le permitía crear obras de arte autodestructivas que desaparecían en la nada, hasta el extremismo prodigioso de Yves Klein. Éste último se atrevió a exponer el vacío, a vender acciones de zonas de sensibilidad pictórica inmaterial (Zone de sensibilité picturale immatérielle, 1959) e incluso a dar un salto al vacío (The Leap into the Void, 1960).


Salto al vacío. Yves Klein
La destrucción y el vacío o silencio marcarían el inicio de lo que estaba por llegar, uno muy ruidoso y otro imperceptible para la mirada y el oído de la generación anterior llevada por su fe en el crecimiento económico teóricamente infinito, que sólo por su fe mejorar la calidad de vida. ¿Qué iban a esperar del arte en una época en la que las condiciones económicas y políticas habían cambiado más rápido que su mentalidad y en la que la paz sólo cobraba sentido como producto de la evocación de una amenaza real?


TASCHEN

viernes, 4 de julio de 2014

Je suis l'orgine


Si la propia trayectoria del óleo L’origine du monde de 1866 del pintor realista Gustave Corubet fue un verdadero escarnio a la decencia parisina, la performance de Deborah de Robertis que reinterpreta el lienzo, puede hacernos recordar esa vergonzosa existencia a ojos del rancio decoro. Bajo el nombre Miroir de l’origine[1] en el Musée d’Orsay, la artista consiguió, además de ser noticia en la prensa mundial, una demanda por exhibicionismo.

El origen del mundo. Gustave Courbet

Fue el pasado día 29 de mayo, y a sus 30 años de edad, cuando cometió la que hasta ahora es su actuación más provocativa de cara, no al público, sino a la institución del museo. La artista, con paso seguro, accedió a la sala de la pinacoteca parisina donde está instalada la mencionada obra de Courbet, engalanada con un vestido dorado de lentejuelas y sin ropa interior, se colocó sentada sobre el parquet y bajo la obra citada, con las piernas abiertas y mostrando su sexo abierto. En ese mismo instante, el personal de la galería instó a la joven para que cesara su actividad mientras el público rompía en un espontáneo y sincero aplauso. Viendo que la artista se resistía al reclamo de concluir la performance, los operarios del museo emplazaron un bastidor para ocultar lo que a la institución del museo parecía le escandalizaba. La performance fue recogida en un video que un compañero filmó, y se acompañó con el conocido lied ‘Ave Maria’ de Franz Schubert y una continua letanía de los versos que siguen, otorgándole un aura meditativo.

Yo soy el origen
Yo soy todas las mujeres
No me has visto
Quiero que me reconozcas
Virgen como el agua
Creadora de esperma

Fotograma del video-performance Miroir de l'origine

Engalanada como una estrella de cine, la joven se desprendió de ese fulgor del star-system, para revelar lo que el cine de Hollywood niega, es decir, lo real. El convencionalismo se sostiene en torno a ese vacío innombrable que no se debe mostrar, puesto que si accedemos, nuestros prejuicios actúan. Es por lo que una característica esencial del arte contemporáneo, es su lucha constante por ir desprendiéndose del marco, entendido éste, no como mero adorno, sino como aquello que distancia la lejanía artística, de la esfera de lo real. No pretendo dar importancia al marco de la obra de Courbet, pero sí sugerir su color, el mismo utilizado en el vestido de la artista. Ésta se desprende de él como, puede pensarse, se desprende el arte de sus prejuicios y de las ataduras de la apariencia, desmarcándose de sus viejos tabúes.
El arte actual parece escaparse de nuestros límites aceptados; es provocativo, insultante y obsceno, ya no está vinculado a la moralidad, como tampoco lo está a lo bello, y en ocasiones recurre a lo abyecto. De ahí que la confrontación entre música de carácter indiscutiblemente religiosa, y la visión de la joven abriéndose la vulva, podría interpretarse como una reyerta entre lo sublime artístico, frente ‘aquello que debe permanecer oculto’; como una simple desacralización de lo religioso o, por qué no, una sacralización de lo antes reservado.

Deborah de Robertis

La artista intenta trascender el simple realismo fotográfico del pintor para ir más allá de la visualidad del lienzo. Ante la actitud de los operarios del museo, se entiende que lo real todavía escandaliza, necesita de una pantalla protectora que dome la mirada y que eleve nuestra visión a categoría artística. Deborah dice que Courbet no ha ido más allá de la realidad, nos muestra el sexo femenino pero cerrado y oculto al espectador, en cambio dice: la performance no refleja el sexo, sino el ojo del sexo, el agujero negro. Mantuve mi sexo abierto con las dos manos para revelarlo, para mostrar lo que no se ve en el cuadro original[2]. No es una recreación de la obra, es, más bien, una superación.
La historia de las grandes avanzadillas del arte es también la historia de los grandes escándalos; desde los ‘demasiados cercanos’ santos de Caravaggio, las exposiciones impresionistas al margen del salón oficial, o las enormes desavenencias entre Institución y Vanguardias durante el siglo XX. No es una performance en el sentido de acción feminista como lo puede ser la obra de Carolee Schneemann, sino que es una reflexiva contemplación zen. No hay pudor, tan sólo pureza y ‘lo que debía estar oculto’ se hace, en este caso, doblemente visible.




ARteStética @therestisnoise_




[1] El espejo del origen
[2] Declaraciones de la artista al periódico Le Monde