Hacia
finales de los años sesenta, una serie de artistas se vio atraída por el
exterior de las galerías de paredes blancas del Soho y comenzó a crear obras en
desiertos y montañas de Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México. Utilizaban
excavadoras y camiones oruga con el fin de crear simas en la tierra o de
construir rampas gigantescas. El resultado fue una enorme expansión del arte en
la que el paisaje, la formación terrestre, el horizonte, el clima y la erosión
se convirtieron en materiales reales. ¿Es el land art, como pronto pasó a ser conocido este arte, simplemente
una intervención brutal en las llanuras vírgenes del Oeste americano?, ¿o es
acaso una protesta contra la degradación de la naturaleza, con una tendencia
escapista hacia la reparación ecológica?
Es
evidente que enormes fuerzas regresivas entran en juego en este tipo de arte.
Las espirales y círculos inscritos en la tierra constituyen algo más que una
extensión colosal del minimalismo. La proyección de un ambiente romántico, la
asociación con órbitas cósmicas, el culto al poder mítico del espacio, la
diseminación en enormes imágenes panorámicas ... todo ello recuerda vagamente a
la pintoresca pintura paisajista del siglo XVIII y XIX. El land art puede englobarse dentro de la tradición romántica del
norte que Robert Rosenblum traza desde la obra de artistas como Caspar David
Friedrich y William Turner hasta el arte de nuestros tiempos. En las pinturas de John Constable, los espacios rituales prehistóricos suscitan escalofríos
primordiales y cósmicos. Por otra parte los artistas norteamericanos del
paisaje hacen referencia constantemente a los círculos de piedra megalíticos, a
las estructuras del calendario indio y a los enormes pictogramas del desierto
litoral peruano. Estos constituyen puntos de fuga lejanos. En otro horizonte,
emergen los jardines zen japoneses.
No
obstante, también existen algunos precursores directos. Ya en 1940, lsamu
Noguchi había abierto la vía con sus Playgrounds
y sus Playmountains modulados en función
del paisaje. El versátil emigrado de la Bauhaus Herbert Bayer, había explorado
las posibilidades del paisaje escultural en sus bocetos datados en 1947 y había
materializado su gran Earth Mound
cerca de Aspen (Colorado) en 1966, acercándose a la obra de Robert Smithson. El
artista israelí Dani Karavan erigió la estructura arquitectónica de su
Monumento a la paz en el desierto de Neguev entre 1963 y 1968. Las dunas, las
simas, los cursos de agua y las corrientes de viento de la zona circundante se
transformaron en esculturas. Las tres artistas se aproximaron land art ante festum.
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Homenaje a Walter Benjamin. Dani Karavan |
Michael Heizer, Smithson, Morris y James Turrell
desplazaron inmensas cantidades de tierra. La fuerza primordial del escenario,
la denudación de capas geológicas, la exposición a la erosión y al clima y la participación
corporal de humanos en profundidades y alturas artificiales monumentalizaron su
obra, situándola entre la historia natural y el arte. Heizer dio el pistoletazo
de salida al rascar patrones geométricos directamente sobre la arena del desierto
de Mojave.
Un
año después, Heizer aumentó el grado de intervención en el paisaje natural al
crear su Doble negativo (Nevada), donde excavó unas 220.000 toneladas de arena
para crear dos simas enfrentadas en los ángulos rectos del límite natural de la
meseta. Su inmenso Complejo I (1972-1974) se inclina más hacia la arquitectura precolombina.
En 1986, Heizer, encargado de crear una obra en el lugar de una antigua mina de
carbón, realizó cinco complejos de este tipo a los que convirtió en pictogramas
de una tortuga, un pez, un escarabajo de agua, una serpiente y una rana. En sus
manos, el land art se convertía en
una decoración paisajista prehistórica.
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Doble negativa. Michael Heizer |
El
camino seguido por Smithson los condujo del expresionismo abstracto al lema del
non-site: fotos y mapas documentan un
lugar fuera de la galería y a menudo rodeado por minerales metalíferos, pedazos
o rocas de minerales del emplazamiento original. A partir de aquí, Smithson
desarrolló en 1970 su concepto de site sculpture
(escultura de lugar), que definía la escultura como parte de un lugar determinado
y no como un objeto aislado y móvil. El
Ciclón dormido bajo agua plomiza del Great Salt Lake (Utah) halló su
respuesta en el Malecón en espiral, una espiral de guijarros que se adentraba
en aguas rojizas y que en la actualidad se halla sumergida. El crecimiento
orgánico representado por la espiral contrarresta la aridez eterna y la
decadencia geológica y entrópica.
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Jetty Spiral. Robert Smithson |
La
última obra de Smithson, la Amarillo Ramp
de Texas no es simplemente un monumento construido en el desierto, sino que
recubre el lago artificial Tecovas y sus cercanas cuevas subterráneas para gas
helio. No es ninguna coincidencia que los proyectos favoritos de Smithson
conlleven la reactivación artificial de antiguas minas: espacios
postindustriales sujetos a las fuerzas naturales. Dado que su versión del land art derivó de una estrategia
social, no fue en absoluto escapista.
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Amarillo Ramp. Robert Smithson |
El
artista de la luz James Turrell
adopta un enfoque más formal. Desde 1977 ha redondeado el cráter volcánico de
Roden, cerca de Flagstaff, Arizona, hasta convertirlo en una esfera perfecta.
Cámaras y cavidades construidas en su interior permiten observar fenómenos
cósmicos. El Observatorio realizado
por Roben Morris en Oostelijk-Flevoland, Países Bajos, escenifica el solsticio
con un anillo doble arcaico que recuerda a la Stonehenge. Otros artistas
trabajan enteramente con el tiempo. Dennis
Oppenheim, por ejemplo, talla Anillos
anuales en el hielo con ayuda de su motonieve o emplea una cosechadora para
recortar plantillas en campos de trigo maduros, imposibilitando toda venta de
la obra y comparándola con un embargo al desarrollo del pigmento natural de
poder ilusionista en el lienzo.
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Observatorio. Robert Morris |
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Observatorio. Robert Morris |
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Anillos circulares. Dennis Oppenheim |
Walter De Maria
establece prioridades distintas. Sus obras lacónicas de un rigor ejemplar no se
limitan exclusivamente al land art.
Si bien sus obras de principios de los años sesenta combinaban el hermetismo de
Duchamp con las formas en serie del minimalismo, las últimas obras de De Maria
son la respuesta contemporánea más directa al concepto de lo sublime, según la definición dada por Edmund Burke en el siglo
XVIII. Ello explica la pronunciada sensación de peligro de su Lecho de clavos, así como los
cuatrocientos postes de acero inoxidable de su Campo de relámpagos al norte de
Quemedo, Nuevo México, una obra capital del land
art que dramatiza la naturaleza, las tormentas y el sol en un ritual
geométrico de enorme precisión. El desierto se convierte en espacio metafísico
y el paisaje aislado en el lugar indicado para experimentar lo sublime.
Paralelamente,
De Maria desafía nuestro poder de imaginación como pocos artistas. Su (irrealizada)
escultura terrestre de Múnich (1970-1971) debía consistir en un pozo de seis
metros de profundidad taladrado a través de un montículo apilado e insertado a
la misma distancia en la tierra: la historia y la geología, la guerra y la paz
como asociaciones, con un punto de fuga invisible para la imaginación y el
reflejo. Se trata, de igual modo que el Kilómetro
de tierra vertical de Kassel, de un antimonumento inmaterial. Además, De
Maria es también un maestro de la puesta
en escena. Su Escultura de los cinco
continentes (1987) consiste en bloques de roca blanca traídos de los cinco
continentes, situados entre paredes de vidrio y bañados por una luz que les
confiere un aura de distancia e inmensidad mágica como un desierto.
En
comparación con el grado de intervención en el paisaje de los artistas
norteamericanos, el inglés Richard Long
parece un trotamundos de pies ligeros. Su obra no es en absoluto monumental ni
heroica, sino transitoria y efímera. Ya en 1967, siendo aún estudiante caminó
por la hierba de adelante atrás varias veces hasta formar una línea que documentó
fotográficamente. La misma sensibilidad que mostró al dejar que las huellas se
fundieran en el paisaje marca sus paseos épicos ulteriores por el Himalaya, los
Andes, Australia, Japón e Islandia. En estos parajes solitarios, Long deja como
únicas huellas un círculo de piedras, un cuadrado de hierba o una espiral de
algas marinas, que fotografía. No obstante, poco después comenzó a colocar
señales en museos y exposiciones con formas geométricas básicas cuya
universalidad deja toda experiencia personal tras de sí. Con sus paseos, Long
no sólo continúa una tradición británica, que va de los círculos de piedra
celtas a los famosos paseos de Wordsworth por Lake District, sino que
contribuye a la creación de paradigmas de una nueva escultura que se autodefine
en términos de viaje y de lugar.
En
el polo opuesto de la soledad romántica de Long se alza la obra cosmopolita de Christo & Jeanne-Claude. Sus grandes proyectos temporales no sólo requieren
gran capacidad de persuasión política, talento organizativo y financiación
independiente mediante la venta de colages y bocetos preliminares, sino que
además desempeñan un papel en la sociedad desde el momento de su inicio hasta
la cobertura mediática en libros y vídeo. El marco sociopolítico y económico es
una parte importante de la obra: no en vano los proyectos paisajísticos más
importantes, desde la Costa envuelta
al norte de Sydney (1969) a Los paraguas,
en Japón y EE. UU. (1991), pasando por la Valla
que se extiende de las colinas californianas (1976) y las Islas rodeadas de
Miami (I983), han conllevado la realización de proyectos consistentes en envolver edificios históricos como el
Pont Neuf de París en 1985 y el Reichstag de Berlín en 1995.
En su obra, Christo & Jeanne-Claude han
tipificado la extensión del arte y su integración total en el paisaje urbano y
rural. La Valla que se
extiende serpenteaba por unos
40 km de las colinas de California. De cerca, parecía una vela que el viento
marino inflaba de curvas cóncavas y convexas. De lejos, parecía un dibujo que
subrayaba el ritmo ondulado de las colinas y lo estructuraba en una secuencia de
escorzos en perspectiva. La plasticidad obvia se fundía en una linealidad
lejana que se desvanecía. Estos proyectos sin igual satisfacen el requisito
estético tradicional de la armonía entre hombre y paisaje, arte y naturaleza,
escultura y dibujo, ritmo y melodía lineal, humor cambiante y ambiente
luminoso. Transcurridas dos semanas, el paisaje recobra su estado original y
los materiales se reciclan.
TACHEN
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