No
hay otra denominación de una corriente del arte del siglo XX que haya pasado a
formar parte del uso común como lo ha hecho la de pop art. La experiencia cotidiana raramente ofrece una oportunidad
de describir algo o a alguien como expresionista o cubista. Es verdad que una
situación o una broma se pueden llamar surrealistas, pero esto es raro, y
tiende a ser una expresión privada. El término pop, en cambio, se ha hecho muy conocido. Se aplica a todo, desde
la música a los estilos de peinado, desde la moda hasta el diseño aplicado,
desde el cine a la publicidad, ya que todas deben mucho al pop art.
Toda
la gama de la cultura trivial americana se encuentra presente en un colage del artista británico Richard
Hamilton, titulado ¿qué es lo que hace a
los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos? Pintado en 1956 para la
legendaria exposición celebrada en Londres This
is Tomorrow (He aquí el mañana), la imagen contiene un culturista, una
chica de revista, un televisor, un magnetófono, el emblema de la Ford, un
cartel de cómic y un retrato ancestral, una aspiradora, un anuncio de cine, un
enorme chupa-chup agarrado como una raqueta de tenis (y con la inscripción pop) y la fotografía ampliada de una
playa llena de gente, todo ello bajo un techo formado por un fragmento de la
Tierra. Como la misma exposición, esta obra surgió en un tiempo en que la
primera primavera del pop art en
Inglaterra, el Independent Group
iniciado por el escultor Eduardo Paolozzi y el propio Hamilton, hacía tiempo
que se había disgregado. Sin embargo, el colage
de Hamilton se convirtió en la imagen programática del pop británico.
Dicho
colage revela tres cosas: en primer
lugar, una mezcla de fascinación e ironía con respecto a los símbolos de
opulencia americanos; en segundo lugar, la importancia del colage como técnica típicamente pop,
procedente de la práctica cubista, dadaísta y surrealista y, en tercer lugar,
la inteligencia y sofisticación de una composición llena de alusiones y
ambigüedades. Esto se encontraba en franco contraste con la banalidad del tema.
El debate vigente sobre el origen del término pop art, que generalmente se atribuye al crítico Lawrence Alloway,
no debe preocuparnos aquí. El hecho es que el joven Paolozzi, que vivía en
París por aquel tiempo y se sentía impresionado por el dadaísmo, así como por
las variantes del surrealismo hasta llegar a Dubuffet, ya utilizó el término pop en 1947, en uno de sus primeros colages.
Pero
incluso la influencia de Duchamp fue más importante que la del dadaísmo o el
surrealismo, ya que éste fue el primero en exponer objetos ordinarios,
fabricados en serie, en el contexto de una galería o un museo, y en dibujar
irreverentemente un bigote sobre el símbolo sagrado del arte occidental, la Mona Lisa. Otras fuentes de inspiración
fueron los colages y construcciones Merz de Schwitters, y el Léger tardío
del Olimpo proletario con los
atributos cotidianos que lo acompañaban. El pop
art no sólo convirtió la trivialidad en un tema digno de tratamiento estético
y la monumentalizó (en especial en América) por medio de la técnica de la
ampliación, sino que también reflejó cada vez más los iconos de la cultura de
masas de una forma inteligente y crítica.
Así,
el término pop art, a diferencia de
su origen, el arte popular o folclórico de la cultura vernácula, es básicamente
un nombre erróneo. Además, a pesar del interés que sigue teniendo para los
artistas jóvenes, el pop no conserva
mucha vitalidad hoy en día. Sin duda, los artistas entonces jóvenes que concibieron
el pop lo pensaron como un estilo que
atraería amplias audiencias. Y, después de largos años de dominio por parte del
arte abstracto de todas las tendencias, el pop
fue recibido como una especie de alivio cuando se hubo calmado la impresión
inicial (la reacción al neoexpresionismo
de los años ochenta sería similar).
Ferdinand Léger |
Sin
embargo, los cambios revolucionarios en la forma y el tema que introdujo el pop en la pintura y, más en la
escultura, su resurrección del contenido, su introducción de lo trivial en el
reino hermético del arte abstracto después de 1945, no consiguieron, al fin y al
cabo una integración de las bellas artes en la sociedad de masas. Los
destinatarios del pop, como los del
realismo proletario de Léger, no respondieron como se esperaba a la negación,
por parte del estilo, de las jerarquías compositiva y temática, a la tendencia
igualitaria, por así decirlo democrática, de su imaginería original y no
derivada. A pesar de su enorme efecto indirecto en la cultura de masas, el pop art nunca tuvo ocasión de volverse
tan realmente popular como la música pop
o el diseño de modas pop y cuando una
gran ciudad alemana, Hannover, puso las gordas y felices Nanas de Niki de Saint Phalle en las calles, el resultado fue una ruidosa protesta popular. En otras
palabras, el efecto directo del arte, como había sucedido tan a menudo en el
pasado, permaneció limitado inicialmente a un círculo de conocedores y expertos,
aunque este círculo se había ampliado de forma considerable con el tiempo.
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Nanas de Niki de Saint Phalle |
Tema banal, medios sofisticados
El
encanto elitista del pop se comprende
cuando nos damos cuenta de que, a pesar de su impulso populista, el estilo se
orientó fundamentalmente a partir de la reivindicación de Duchamp de que el
arte debía ser ante todo inteligente. Así, aunque el tema pop era banal, sus medios estéticos, por lo general, no lo eran. El
pop era un estilo en consonancia con
el nivel de conciencia de una cultura tardía; su aparente simplicidad era en
realidad artificial en grado sumo. En este caso, el medio no era el mensaje en
absoluto, al contrario de la teoría entonces ampliamente aceptada del popular
filósofo canadiense Marshall McLuhan. El pop
art fue también un arte de reflexión crítica, sin prejuicios, no sólo por
parte del artista que lo producía, sino también por parte de la audiencia que
lo contemplaba. Esto se ve claramente en la versión británica del estilo, que
surgió casi a la vez a ambos lados del Atlántico, al principio sin influencia
mutua.
Mientras
los artistas pop americanos, más pragmáticos, obtuvieron mucha inspiración
directa de la publicidad, de la cual muchos habían vivido inicialmente, en
Inglaterra una nueva teoría revolucionaria precedió a la práctica durante
muchos años. Allí, además, el término pop
art no se refería tanto al estilo en sí como a lo que representaba: los
símbolos de la producción y el consumo de masas, desde Mickey Mouse hasta el
culto a los envases, desde las películas de Hollywood a las novelas de ciencia
ficción. Los protagonistas del pop británico imaginaron un arte contemporáneo
que sería tan vital y diverso como la propia vida contemporánea, incluyendo sus
banalidades. Abrieron de par en par las puertas entre el arte y la vida
cotidiana, entre el arte y el kitsch,
con la esperanza de crear una nueva unidad en la diversidad; un arte accesible
a todo el mundo, más allá de las barreras de educación y clase.
En
los orígenes de esta tendencia en Gran Bretaña existían dos influencias
fundamentalmente opuestas. Por una parte, los artistas se sintieron fascinados
por las ideas intelectuales de Duchamp y por los juegos mentales surrealistas
de Magritte, por medio de Paolozzi y Hamilton. Por otra, se sentían llenos de
ingenua admiración por el American way of
life, y su promesa de frigorífico y piscinas para todos. Esta ambivalencia
atravesaba las obras del primer pop
británico, tanto en Hamilton o David Hockney, Ronald B. Kitaj o Perer
Phillips, que oscilaban entre la aceptación y el rechazo de cosas que
representaban. Además, al rebelarse contra la corriente principal del arte de
un Henry Moore o un Graham Sutherland, los jóvenes artistas británicos empezaban,
por así decido, desde cero. En los Estados Unídos por el contrario, había
contactos directos con Duchamp que vivía en Nueva York, y con la action painting, de la que surgieron los
grandes predecesores del pop, Jaspee Johns y Robert Rauschenberg.
La
desvergonzada despreocupación de los americanos superaba a la de los
británicos, que sentían el peso la tradición sobre sus espaldas. La obra de Hamilton
pone de manifiesto esta tendencia de forma muy clara. Incluso su icono del pop
británico mencionado más arriba con su aglomeración de símbolos de prestigio y opulencia,
ya muestra la distancia irónica del artista con respecto a su tema y a los
medios empleados para representarla. Esta actitud crítica se acentuó con los
años, y culminó con el contraste de un Londres supermoderno pero brutal y duro
con el de otro desinhibido del tópico popular ilustrado por la detención de
Mick Jagger y su amigo galerista Robert Fraser en 1968.
En la imaginería de
Hamilton, la técnica del colage se desarrolla
a la perfección, combinando materiales tradicionales con lo último en el campo
de los plásticos y los sintéticos. Pero a diferencia de las manifestaciones de
sus equivalentes americanos, las de Hamilton no son generalmente tan directas,
sino ambiguas y codificadas. La sociedad de masas y sus ídolos, desde las
estrellas de la pantalla hasta los astronautas, son criticados por medio de la
alienación. La gama de emociones en la obra de Hamilton abarca desde la empatía
con el destino de las estrellas que, víctimas de su propio personaje artificial
se anulan a sí mismas en fotografías de prensa, como Marilyn Monroe (Mi Marilyn, I964; Colonia, Museum Ludwig),
hasta la pura burla de los métodos sofisticados e hipócritas de la publicidad
en la imagen de tonos pastel de un Paisaje
rosa suave (1972; Budapest; Magyar Nemzer Múzeum). En esta invocación de la
primavera, el punto de vista del voyeur y la calidad seductora del papel higiénico
en primer plano tienen un papel fundamental.
En
contraste con Hamilton, el escultor Paolozzi (pág. 518), cuyos colages
de Literas, películas y neodadaístas
rompecabezas de palabras le convierten en un precursor del pop, pronto se dedicó a intereses que iban más allá del estilo.
Peter Blake, más joven que él, en En el balcón,
en que se ven representados cuatro niños rodeados de emblemas de alta y baja
cultura reproducidos con una seriedad inexpresiva, creó una imagen fundamental
del pop británico. Estos niños son representantes de una sociedad que se
enfrenta, en un estado de inocencia, por decirlo así, con el fenómeno de la producción
masiva de bienes físicos y culturales. Su pintura también nos hace tomar
conciencia misteriosamente del problema del original frente a la imitación, ya
que en vez de ser un colage real, es
pintado. Además, fue el primer artista pop,
mucho antes que Andy Warhol, en representar a los ídolos de la gente joven de
la época, ídolos cuya popularidad sin precedentes estaba mediatizada hasta el
punto que no habría sido posible sin las técnicas de reproducción visual masiva
encarnadas por los nuevos medios del cine y la televisión. Es indicativo el
hecho de que Blake nunca viera en persona a la estrella que pintó tantas veces,
Elvis Presley, ya que, como admitió el propio artista, era más un admirador de
la leyenda que de la persona.
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En el balcón. Peter Blake |
Profundidad y jovialidad
Un
opuesto intelectual al arte popular
de Blake se observa en la pintura de Ronald B. Kitaj, un admirador de Ezra
Pound nacido en Cleveland, Ohio. A diferencia de otros artistas del pop británico, cuando llegó a Londres
Kitaj estaba familiarizado con la action
painting americana y con los estilos intermedios de Rauschenberg y Johns.
Su imaginería, en vez de tomar los medios de comunicación de masas como punto
de partida, tenía sus raíces en la historia. Esto se aprecia en temas como Los asesinos de Rosa Luxemburgo (1960) ,
con su referencia visual alusiva a los rasgos del mariscal de campo alemán
Helmuth von Molrke; lsaak Babel
cabalgando con Budjonny (I962), o Soldado
de infantería austrohúngaro (1961; Colonia, Museum Ludwig). Sin un conocimiento
del contexto histórico, estas imágenes resultan crípticas.
El
estilo de Kiraj, derivado del expresionismo abstracto, tiene un refinamiento técnico
que supera al de sus amigos. Sólo su utilización ocasional de series verticales
u horizontales de imágenes desconectadas, la combinación de imagen y tipografía
o el principio del colage tradicional
en pintura conectan vagamente la obra de Kiraj con el pop, haciendo que sea
difícil contradecirle en su afirmación de que realmente no es un artista pop. Sus cuadros, básicamente arcanos y
difíciles, con su abundancia de alusiones literarias y referencias encubiertas,
dan rienda suelta a las asociaciones mentales. Realmente no son ingenuos ni, todavía
menos, fáciles de comprender.
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Ronald Kitaj |
La
comprensión resulta más fácil en David Hockney, el chico listo y mimado del
movimiento. Estilísticamente, en especial en sus primeras obras, debía mucho a
Kitaj. En cambio, como demuestra su afirmación tan citada, Yo pinto lo que me gusta, cuando me gusta y donde me gusta, los
temas históricos y problemáticos de su amigo de más edad, a pesar de la
inteligencia de Hockney, no eran para él. En este sentido, se considera a sí
mismo un tradicionalista. Uno de sus principales intereses es un idioma visual
comprensible en el contexto de una nueva figuración. El enfoque de Hockney no
es ilusionista. Las figuras son signos pictóricos abreviados, a veces
irónicamente caricaturescos.
También
caracteriza sus primeras obras una combinación de pintura y escritura, un
contraste entre pasajes pintados en las telas imprimadas o sin imprimación, y
un claro placer en contar historias. Viaje
a Italia / Paisaje suizo
(Londres, colección privada) habla de un viaje en coche con unos amigos que se
acabó demasiado pronto, para su gusto; Un
hombre pensando (Londres, The Arts Council ofGreat Britain) muestra los
pensamientos materializándose como nubes sobre la cabeza de la figura; We Two Boys Together Clinging(Somos dos
chicos inseparables) (Londres, The Arts Council of Great Britain) ya queda
explicado con el título (las obras son de 1961-1962).
Que
Hockney es un excelente dibujante ya se ve en sus primeros dibujos y grabados.
A mediados de los años sesenta su estilo pictórico empezó a volverse más realista.
Los contrastes y yuxtaposiciones relativamente violentos de sus primeras
composiciones aparecían raramente. El enfoque y la actitud de éste se
encuentran tan cómodos en los ambientes de erotismo homosexual como en los de
la alta sociedad de California. Sin embargo, su estilo está lleno de una ironía
matizada lo que por un tiempo evitó que sus imágenes bañadas de sol cayeran en
la superficialidad. Por desgracia, no se puede decir lo mismo de los cuadros
del período más reciente de Hockney.
Allen
Jones desarrolló su estilo a partir de un libre juego de formas y colores
inspirado por De Kooning, produciendo configuraciones policromas que contenían
sólo referencias indirectas a la realidad objetiva. Su intención, como escribió
Jones en una ocasión al crítico y comisario de exposiciones Uwe M. Schneede,
era mostrar que la superficie de la pintura era un reflejo de las ideas del
artista. Más tarde Jones se apartaría radicalmente de esta concepción,
altamente incompatible con los principios del pop, para crear una serie de representaciones obsesivas en pintura
y escultura de su mujer, de pecho elevado y largas piernas, como sex symbol.
Schneede
ha puesto de relieve insistentemente el hecho de que los artistas pop británicos sometían el medio
pictórico a una intensa investigación y cuestionamiento, empleando
combinaciones de imágenes dispares en una forma que recordaba al surrealismo, y
que incluía un factor conceptual inspirado por Duchamp. Esta reflexión
penetrante y cuestionadora es también característica del artista americano
Jasper Johns.
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